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EDITORIAL | No todos quieren hacer historia

Por Axel Laurini

Una daga en el corazón sienten los hinchas del “Pincha” con la elección de Marcos Rojo de ser futbolista de Boca, antes que volver al club que lo vio nacer. Igualmente, el dolor no pasa completamente porque juegue allí, sino porque mintió y no fue un hombre de palabra, cuando en reiteradas declaraciones el jugador mostró su intención de siempre defender los colores rojos y blancos. 

A mediados del año pasado, en plena pandemia, algo se empezó a olfatear en el ambiente. Juan Román Riquelme se comunicó con el zurdo, en la previa de su viaje a Manchester ya que el préstamo con el “León” había finalizado. En ese momento, el futbolista en declaraciones a un programa de televisión no le cerró las puertas a en un futuro ponerse la camiseta azul y amarillo. 

El tiempo fue pasando, y en silencio, el defensor fue encaminando su incorporación al elenco de La Ribera para este mercado de verano, donde al jugador solo le restan seis meses de contrato con el Manchester United y dicha institución no pretende contar con sus servicios, por lo cual fue fácil para la representación cortar el vínculo con anterioridad. 

¿Qué pasó con Estudiantes? 

Siempre se mantuvo la ilusión en la comisión directiva del club en poder contar con la vuelta de Marcos Rojo ante su salida de Inglaterra, que en principio entendían que se iba a dar en junio, pero al quedar poca duración de contrato, se podía rescindir como en este caso está sucediendo para su llegada a Boca. 

Foto: Rojo y Verón, campeones en 2010.

De manera rutinaria se iban dando las charlas entre Juan Sebastián Verón y el zaguero, hasta que en un momento el diálogo se cortó. Al tomar conocimiento del acuerdo al que había llegado el defensor para su futuro, el mandatario albirrojo se comunicó con él y le manifestó que el Pincha estaba en condiciones de equiparar cualquier oferta económica que el Xeneize le pudiera realizar. 

 

Esto fue ni más ni menos, que una presión para que el jugador sienta algo en su interior que lo pueda hacer cambiar de postura, finalmente su anhelo deportivo y sus ganas de ponerse la camiseta del elenco de Russo fueron más fuertes. 

Preso de sus palabras 

 

Marcos Rojo quedó preso de sus dichos al manifestar públicamente que en Argentina solo jugaba en Estudiantes; quedó preso de su llanto cuando volvió por seis meses y la gente lo fue a recibir como un héroe en la previa de un partido con Unión de Santa Fe en el calor del verano; quedó preso de su falta de compromiso, porque cuando el club más lo necesitaba priorizó su interés personal, valores que son todo lo contrarios a los que pregona Estudiantes de La Plata. 

No todos quieren hacer historia, no todos pretenden ser Juan Sebastián Verón, y está bien, pero hay formas de hacer las cosas. José Sosa decidió vivir con todos los lujos y en la tranquilidad de Turquía, por ejemplo. Rojo viene a meterse al barro argentino y querer trascender con Boca, lo cual es una traición. 

Foto: Rojo mensajeando a un influencer de Boca.

Lamentablemente luego de esta decisión, el jugador no podrá volver a pisar City Bell, club que lo contuvo cuando era chico y vivió en un contexto difícil, no podrá mirar a los ojos a Verón, que lo llevó a su casa cuando no podía pisar su barrio. Sentirá el repudio por parte de la gente que lo defendió cuando todo el mundo lo maltrataba por sus participaciones en la Selección Argentina. 

Rojo no quiso hacer historia y quedará como un jugador más, cuando pudo ser uno de los grandes ídolos de Estudiantes. El hijo prodigo no quiso volver a su casa y eso al hincha le duele. Marcos, con el hincha no. 

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