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"Hoy me pasó a mi y la pude contar": intento de secuestro en La Plata

Por Carolina Villalba

Me tomé varias horas para procesar el terrible momento que pasé ayer por la mañana. Dudé incluso en publicarlo, por el simple hecho de que es algo habitual, que sucede a diario, que nos sucede a diario.

Las mujeres no caminamos tranquilas por la calle. Vamos con miedo, alertas y con veinte ojos en la espalda. A veces nos relajamos, ¿y por qué no deberíamos hacerlo? ¿Somos nosotras las que debemos tomar precauciones? La verdad es que no.

Este martes por la mañana, alrededor de las 10.30, volví caminando luego de realizarme un hisopado en el barrio La Loma, cuando me crucé con un auto manejado por dos hombres por la zona de 25 y 43. Uno de ellos, un sujeto de gran contextura física, vestido con una remera blanca, short de jogging y descalzo, comenzó a cruzar la calle de manera apresurada al grito de "era ella". Un segundo hombre, morocho, alto, vestido de negro y con un jean azul, lo esperaba en el vehículo, asintió con la cabeza y le contestó "sí, tenés razón".

Yo me quedé paralizada ante la misteriosa secuencia y vi como el de remera blanca se acercaba cada vez más. Lo único que se me ocurrió en ese momento fue correr. Hice una cuadra y me quedé parada en la esquina de 25 y 44, tratando de divisar la patente del auto, un Chevrolet Classic -o ese estilo- pero los nervios me nublaron la visión.

Agarré mi celular, llamé al 911 y les relaté la secuencia. La operadora tomó mi denuncia y cortó. Hice dos cuadras y la policía que había escuchado mi historia se comunicó conmigo para preguntarme si estaba bien o si necesitaba asistencia. Yo le respondí que sí, que estaba nerviosa pero -por suerte y de milagro- no me habían hecho nada físicamente.

La mujer continuó haciéndome preguntas sobre lo que pude llegar a observar, yo le contesto que no pude ver más que lo que le conté, que quería irme a mi casa y ponerme a resguardo. A los pocos minutos, vi a los mismos sujetos con el vehículo estacionado en Avenida 44 y 23: "Están acá, ellos son", le grité a la operadora.

El hombre de gran contextura física se me acercó, tan cerca que pude sentir el olor a alcohol que emanaba de su cuerpo. Me dijo "vení, bonita, no te voy a hacer nada. Sos hermosa", con una voz ronca que no me voy a poder olvidar nunca. Comencé a gritar como nunca antes. El miedo que sentí en ese momento es inexplicable.

En ese instante, llegaron tres motocicletas de la policía local y lo único que se me ocurrió hacer fue correr, otra vez huir. Tenía que volver a casa, debía aislarme, hace tan sólo 10 minutos me había hecho un hisopado y no quería poner en riesgo a los efectivos, ni a los vecinos, quienes miraban la situación pero nadie se metió a ayudarme.

Horas más tarde, solicité las cámaras de seguridad municipales pero -por desgracia- la más cercana está situada a una cuadra y no llega a tomar la secuencia, ni el auto.

Intenté comunicarme con efectivos de la Comisaría Cuarta para consultar si los sujetos fueron detenidos, o si los entrevistaron y dejaron ir (como suele pasar) pero no tuve suerte: no atienden los teléfonos y tampoco contestan los mensajes.

Así vivimos las mujeres, con miedo, con pánico, alertas y sin libertad de salir a la calle y no saber si volvemos. El abandono estatal y la desidia policial es cómplice y responsable. Hoy me tocó a mi y la pude contar.

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